Me había dicho que construiríamos nuestro futuro juntos.
Mi padre continuó:
—El dinero no fue un regalo. Se estableció por escrito que aquella aportación tendría que reconocerse y devolverse bajo determinadas condiciones. También se documentaron otras aportaciones económicas posteriores.
Mi suegra empezó a ponerse nerviosa.
—¡Eso es mentira\! Mi hijo pagó todo.
Mi padre sacó varias copias de transferencias bancarias.
—Los documentos están respaldados por comprobantes.
Daniel empezó a caminar de un lado a otro.
—¡Yo ya le di dinero durante el matrimonio\!
—Y esos pagos también están registrados —respondió mi padre—. Por eso estamos aquí. Para revisar exactamente lo que corresponde.
Entonces mi padre sacó una tercera hoja.
Era la que Daniel no quería que viéramos.
—Esta es la cláusula que parece que has olvidado.
Daniel se quedó completamente quieto.
Mi padre leyó despacio:
—En caso de divorcio, separación definitiva o venta de la propiedad, las aportaciones económicas reconocidas de mi hija deberán liquidarse conforme a lo establecido en este acuerdo, sin que pueda exigírsele abandonar la vivienda antes de que se resuelvan las obligaciones pendientes, en los términos previstos por la legislación aplicable.