Me dolió muchísimo.
Hasta ese momento, una pequeña parte de mí había seguido esperando que Tristan comprendiera la gravedad de sus palabras.
Que revisara los documentos.
Que preguntara por el bebé.
Que demostrara al menos cierta curiosidad.
Ahora sabía que no estaba dispuesto a hacer nada de eso.
Me quedé sentada con el mensaje delante de mí.
Después lo cerré.
Y tomé una decisión.
No iba a seguir suplicándole a un hombre que comprobara la existencia de sus propios hijos.
Yo tenía que preparar la llegada de cuatro bebés.
Y ellos necesitaban una madre capaz de concentrarse en cuidarlos, no alguien que pasara los días intentando convencer a otra persona de una verdad evidente.
Los meses siguientes no fueron sencillos.
Un embarazo múltiple exigía atención, controles y una enorme capacidad de adaptación.
Había días en los que me sentía emocionada.