El muchacho asintió.
Después se marchó.
Daniel se acercó cuando el gimnasio quedó casi vacío.
—Victoria, necesito hablar contigo.
Su expresión era extrañamente seria.
—¿Ocurre algo?
Miró hacia la oficina.
—Hay una razón por la que Tyler se ha comportado así durante tanto tiempo.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Daniel bajó la voz.
—No lo contraté yo. Mi socio insistió en incorporarlo hace dos años.
—¿Qué socio?
El maestro dudó.
—Adrian Cole.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Conocía aquel nombre.
Demasiado bien.
Adrian había sido mi entrenador principal durante mis últimos años de competición.
Y también era el hombre al que había responsabilizado de la lesión que puso fin a mi carrera.
***
—Daniel, ¿por qué no me dijiste que Adrian estaba involucrado en esta academia?
El maestro bajó la mirada.
—Porque pensé que nunca volverías a practicar.