Daniel lo miró severamente.
—Tyler, llevas meses recibiendo quejas por tu comportamiento.
El instructor se quedó inmóvil.
—¿Qué quejas?
—Padres que aseguran que insultas a sus hijos. Alumnos que temen cometer errores. Jóvenes que abandonaron la academia porque confundiste disciplina con intimidación.
Tyler apretó los puños.
—¡Yo consigo resultados!
—El miedo no es el resultado que buscamos.
Daniel respiró profundamente.
—Quedas suspendido de tus funciones mientras revisamos las quejas.
El rostro de Tyler se volvió rojo.
—¡No puedes hacerme esto!
—Soy el propietario de esta academia.
Por primera vez, Tyler no encontró palabras.
***
Cuando la clase terminó, varios padres se acercaron para agradecerme.
Jenkins, el muchacho del cinturón blanco al que Tyler había humillado, se detuvo frente a mí.
—Señora Thompson…
—Dime Victoria.
Sonrió tímidamente.
—Gracias por defendernos.
Le puse una mano sobre el hombro.
—Nunca permitas que alguien te haga creer que cometer errores significa ser débil.