—Estás sonriendo aquí —dijo—. Y te dolía.
—Sí.
—Si mañana la federación dice que tenías razón, ¿vas a volver? ¿A pelear? ¿A irte meses, como contaste que hacías antes de mí?
Me senté en el suelo con ella.
—No.
—Adrian habló de tu nombre como si todavía fuera un título. Daniel te miró como si la colchoneta te perteneciera. Yo te vi tirar a Tyler sin esforzarte. No sé si la mamá que me recoge del colegio cabe en la misma persona.
Ahí estaba el miedo que Hale no había inventado. El miedo mío, heredado en ella sin que yo lo quisiera.
—Cabe —dije—. Porque la persona que tiró a Tyler es la misma que te hace el desayuno. No voy a reabrir una carrera encima de tu infancia para demostrar que un papel mentía. El papel tiene que quedar en el expediente para que Jenkins no crea que soñó los insultos y para que tú no creas que tu madre es un peligro. Después el cinturón viejo sigue guardado.