Le Quedaban Siete Días De Vida Y Escribió Al Mafioso Equivocado-aurelle

Los vehículos avanzaban entre semáforos y peatones.

Alguien caminaba deprisa hablando por teléfono.

Dos personas se reían mientras esperaban para cruzar.

Una mujer miraba su reloj con impaciencia.

Observé aquellas escenas desde el taxi y me pareció increíble que todos pudieran continuar con sus vidas mientras yo intentaba comprender que la mía tal vez terminaría en una semana.

No estaba enfadada con ellos.

Ni siquiera los conocía.

Pero sentí una envidia que me avergonzó.

Envidié a quienes podían hacer planes sin contar los días.

A quienes se preocupaban por llegar tarde a una reunión.

A quienes tenían la libertad de desperdiciar una tarde sin preguntarse si habría otra.

Miré mis manos sobre el bolso.

Había llevado la carpeta médica conmigo, como si su peso pudiera recordarme que aquella conversación había sido real.

Durante el trayecto pensé en llamar a mi familia.

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