No sabía si había enviado el mensaje por error o si, por alguna razón que todavía ignoraba, había decidido escribir precisamente a su línea privada.
Pero había algo en aquellas palabras que no podía apartar de su mente.
La mujer ni siquiera preguntaba si alguien estaba dispuesto a ayudarla.
Simplemente anunciaba su muerte.
Era una forma de soledad que no se parecía a las peticiones desesperadas que solía recibir.
Lucian estaba acostumbrado a que las personas le dijeran lo que necesitaban.
Que exigieran algo.
Que ofrecieran algo.
Que intentaran convencerlo de que sus problemas merecían su atención.
Aquella desconocida no hacía nada de eso.
Parecía haber lanzado su dolor al vacío.
Y ese vacío había sido su teléfono.
Lucian sostuvo el aparato durante varios segundos.
Podría haber ignorado el mensaje.
Podría haberlo borrado.