Permaneció inmóvil.
Uno de los hombres sentados frente a él continuó hablando sobre el asunto que estaban discutiendo.
Lucian no respondió.
Volvió a leer la frase.
No había una petición de ayuda económica.
No había una amenaza escondida.
No había una propuesta.
Tampoco parecía un mensaje destinado a intimidarlo.
Era una confesión.
Una mujer desconocida acababa de decirle que probablemente moriría en una semana.
Y, por alguna razón, había decidido contárselo a él.
Lucian levantó la mano.
La conversación se interrumpió.
—Todos fuera.
Los hombres intercambiaron miradas.
No estaban acostumbrados a que una reunión terminara de aquella manera.
Pero ninguno discutió.
Se levantaron y abandonaron el despacho.
Cuando la puerta se cerró, Lucian quedó solo con el teléfono.
Observó el número desconocido.
No sabía quién era Amelia Carter.
No conocía su enfermedad.