Le Quedaban Siete Días De Vida Y Escribió Al Mafioso Equivocado-aurelle

Sentí vergüenza.

No sabía por qué.

No había hecho daño a nadie.

Solo había escrito una frase verdadera.

Pero me avergonzaba la intensidad con la que deseaba recibir una respuesta.

Aquella necesidad me hizo sentir más sola que el propio silencio de mi apartamento.

Me apoyé contra el respaldo de la silla.

Cerré los ojos.

Intenté imaginar cómo serían mis próximos siete días.

¿Debía comenzar a despedirme inmediatamente?

¿Debía terminar el cuadro?

¿Debía llamar a mi familia y pedirles que vinieran?

¿Debía pasar las horas descansando o intentar llenar cada minuto con algo que me hiciera feliz?

No existía una respuesta correcta.

Y cuanto más pensaba, más difícil me resultaba respirar con tranquilidad.

Mientras yo intentaba ordenar aquellos pensamientos, mi mensaje estaba llegando a un lugar del que no sabía absolutamente nada.

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