Le Quedaban Siete Días De Vida Y Escribió Al Mafioso Equivocado-aurelle

Aquel pequeño movimiento me produjo unas ganas inexplicables de llorar.

Había hecho exactamente lo mismo muchas veces después de regresar del hospital.

Dejar las medicinas.

Quitarse el abrigo.

Sentarse un momento.

Esperar a sentirse menos cansada.

Pero aquella tarde la rutina había perdido su sentido.

Me quedé junto a la puerta con el abrigo puesto.

No sabía qué hacer primero.

Entonces vi el cuadro.

Estaba apoyado cerca de la ventana, justo donde lo había dejado meses atrás.

Era un atardecer sobre el agua.

Había pintado el cielo con tonos naranjas y cálidos durante una tarde en la que me encontraba mejor.

Recordaba haber abierto la ventana para aprovechar la luz.

Recordaba la satisfacción de mezclar los colores y observar cómo el lienzo empezaba a parecerse a la imagen que tenía en la cabeza.

Después me cansé.

Dejé los pinceles.

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