VOLVÍ A DORMIR CON MI EXESPOSA DURANTE UN VIAJE DE TRABAJO. AL AMANECER, UNA MANCHA DE SANGRE EN LA SÁBANA ME DEJÓ PARALIZADO… Y UN MES DESPUÉS, UNA LLAMADA DESDE UN HOSPITAL EN CANCÚN ME REVELÓ POR QUÉ AQUELLA NOCHE NUNCA FUE UN ACCIDENTE

Una mancha roja.

No enorme.

Pero evidente.

Miré a Mariana.

Ella siguió mi mirada.

Y su reacción fue demasiado rápida.

Arrancó la sábana hacia ella.

—No es nada.

—Mariana.

—De verdad.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Estás sangrando.

—Andrés.

—¿Te duele algo?

—No hagas preguntas.

Ve a bañarte.

Tienes trabajo.

La frase me dejó frío.

No porque fuera grosera.

Porque estaba asustada.

—Vamos a un hospital.

—No.

—Mariana.

—No.

—¿Por qué?

Me miró.

Vi lágrimas.

Y después desaparecieron detrás de una expresión dura.

—Porque no.

—Eso no es respuesta.

—Es la única que te voy a dar.

Discutimos.

No mucho.

Ella se vistió.

Metió el teléfono en su bolsa.

Yo insistí.

—Por lo menos déjame llevarte.

—Voy a pedir un coche.

—¿Mariana?

Se detuvo en la puerta.

—Anoche fue un error.

Aquello me dolió más de lo que debería.

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