No enviadas.
Una por cada mes desde su diagnóstico.
La primera decía:
“Andrés:
Hoy me dijeron que tengo cáncer.
Mi primer impulso fue llamarte.
Eso me dio miedo.”
La segunda:
“Hoy empecé tratamiento.
Pensé en aquella vez que tuve influenza y dormiste sentado porque yo no podía respirar bien.
No quiero volver a necesitarte así.”
Otra:
“Los médicos dicen que quizá responda.
Si funciona, nunca sabrás nada.”
Otra:
“Hoy dijeron que no está funcionando como esperaban.”
Otra:
“Pregunté por ti.
Isabel dice que sigues solo.
No sé si eso me tranquiliza o me duele.”
Y la última.
Escrita una semana antes de nuestro encuentro.
“Andrés:
Vas a estar en Cancún.
Lo sé.
Prometí que no iba a buscarte.
Voy a romper esa promesa.
No quiero que me veas enferma.
No quiero que vuelvas por compasión.
Solo quiero sentarme contigo una vez.