—Hace unas horas querías que desapareciera antes del amanecer.
—Estaba enojado. Dije cosas que no sentía.
—¿También estabas enojado cuando llevaste a Veronika durante diez meses a hoteles y viajes de negocios?
Se quedó inmóvil.
—Podemos superar eso.
—No quiero superarlo.
Dominik se acercó.
—Escúchame. Podemos volver a casa y hablar tranquilamente.
—No voy a regresar contigo.
Su expresión cambió.
Por un segundo vi al hombre arrogante que había estado frente al espejo aquella tarde.
—No puedes destruir ocho años de matrimonio por una discusión.
Saqué de mi bolso una copia del documento que Richard me había mostrado.
—¿Esta firma te parece familiar?
Dominik bajó los ojos.
Y su rostro se transformó.
No necesitó preguntarme qué era.
—Evgenia…
—¿Quién autorizó utilizar mi nombre?
—No entiendes cómo funcionan estas operaciones.
—Entonces explícamelo.
Miró a ambos lados.
—Aquí no.