MI ESPOSO ME ECHÓ DE NUESTRO ÁTICO PARA LLEVAR A SU AMANTE A UNA GALA, SIN IMAGINAR QUIÉN ME ESPERABA EN LA ENTRADA

Leí el mensaje tres veces.

Entonces entendí algo que me hizo sentir náuseas.

Mi esposo no había elegido aquella noche para abandonarme por simple crueldad.

Había calculado el momento.

Pensaba que, humillada y sin conocer lo que estaba ocurriendo, me marcharía de casa sin hacer preguntas.

Cerré la carpeta.

—Richard, necesito hablar con un abogado.

—Ya hay uno esperando tu autorización para actuar.

—Entonces quiero que todo se haga legalmente. Sin amenazas. Sin acuerdos secretos. Si hubo falsificaciones, que se investiguen. Y si alguien cometió un delito, que responda ante la justicia.

Richard asintió.

—Tu madre habría dicho exactamente lo mismo.

Regresamos al salón cuando la ceremonia estaba por terminar.

Dominik ya no estaba sentado.

Lo encontré cerca de la terraza, hablando apresuradamente por teléfono.

Cuando me vio, colgó.

—Evgenia, tenemos que arreglar esto.

—¿Qué cosa?

—Nuestro matrimonio.

Lo miré con incredulidad.

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