La coincidencia con aquella noche fue cruel.
Pero también reveladora.
Después de la presentación, Richard me acompañó hasta la mesa principal.
No habíamos terminado de sentarnos cuando Dominik apareció frente a nosotros.
—Richard —dijo con una sonrisa forzada—. Qué sorpresa tan agradable.
Richard lo observó sin levantarse.
—Buenas noches, señor Valeniuk.
Dominik me miró.
—Evgenia, ¿podemos hablar un momento?
—Estoy ocupada.
Su mandíbula se tensó.
—Esto es importante.
Richard intervino con calma.
—Entonces puede esperar a que termine la ceremonia.
Dominik tragó saliva.
—No sabía que ustedes se conocían.
Richard dejó su copa sobre la mesa.
—Conozco a Evgenia desde el día en que nació.
El silencio fue inmediato.
—¿Cómo dice?
—Su madre fue una de mis mejores amigas. Yo administré parte de su herencia y he acompañado a Evgenia durante toda su vida.
Dominik volvió a mirarme.
—¿Por qué nunca me dijiste esto?