Pero ahora estaba sonriendo.
No tenía la mirada perdida.
No parecía una mujer esperando a que alguien decidiera qué hacer con su vida.
Era Margaret.
Mi madre.
La mujer que había trabajado toda su vida, que había criado a una hija y que había seguido cuidando de los demás incluso cuando necesitaba que alguien la cuidara a ella.
Cuando todos se marcharon, me quedé ayudándola a recoger la mesa.
—Mamá, quiero preguntarte algo.
—Dime.
—Si pudieras volver atrás, ¿qué habrías hecho diferente?
Se quedó pensativa.
—Habría hablado antes. Habría pedido ayuda antes. Y quizá habría tenido menos miedo de molestarte.
Me quedé callada.
Después le hice la misma pregunta, pero sobre mí.
—¿Y tú? ¿Qué habrías hecho diferente?
Me miró con ternura.
—Habría escuchado más. Habría preguntado cómo estabas en lugar de dar por hecho que todo estaba bien.