No la conviertas en una carga.
Haz que siga sintiéndose parte de la familia».
Lloré sobre aquella carta.
Mi madre me acarició el cabello.
—Tu padre siempre sabía qué decir.
La abracé.
—Lo siento, mamá.
—¿Por qué, cariño?
—Porque dejé de escucharte.
Ella me abrazó con fuerza.
—Todavía estamos a tiempo de hacerlo mejor.
## 9. La decisión que tomé por fin
Durante los meses siguientes, David y yo comenzamos a vivir separados.
No fue una decisión fácil.
Veintisiete años de matrimonio no desaparecen de un día para otro.
Hubo conversaciones difíciles, abogados y mucho dolor.
Pero también hubo algo que no había sentido durante mucho tiempo.
Tranquilidad.
Mi madre dejó la residencia después de completar su periodo de adaptación y valoración.
No la llevé de vuelta a nuestra casa.
En su lugar, alquilamos un pequeño apartamento cerca del mío, con ascensor, asistencia domiciliaria y todos los servicios que necesitaba.