Cerré los ojos.
—¿Y por qué querías que se marchara de nuestra casa?
—Porque estaba destruyendo nuestra vida.
Entonces pronuncié una frase que jamás había imaginado decirle.
—No, David. Creo que eras tú quien estaba destruyendo la vida de todos.
Colgó.
Un minuto después recibí un mensaje.
«No vuelvas a casa hasta que estés dispuesta a escuchar mi versión».
Miré a mi madre.
Por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué hacer.
Pero sí sabía una cosa.
No iba a volver a abandonar a aquella mujer.
## 6. La verdad sobre los documentos
Al día siguiente nos reunimos con una abogada llamada Patricia.
Revisó los documentos de mi padre y nos explicó que había indicios suficientes para investigar la gestión de la propiedad y de los ingresos.
Mi madre había firmado algunos documentos años atrás, pero no todos los que David decía tener.