Me quedé sin palabras.
—¿De quién es esa cuenta?
Daniel me miró.
—De su esposo.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
## 5. La conversación que cambió mi matrimonio
Salí de aquella sala y llamé a David.
Contestó al segundo tono.
—¿Dónde estás? —preguntó.
—En la residencia con mamá.
—¿Otra vez? Pensé que ya habías resuelto ese asunto.
Respiré profundamente.
—Necesito que me expliques algo.
—¿Qué?
—¿Por qué los ingresos del apartamento de mi padre llegan a una cuenta tuya?
Hubo un silencio.
Después escuché una risa nerviosa.
—¿Quién te ha contado eso?
—Responde.
—Sarah, no es lo que parece. Yo me he encargado de administrar todo ese dinero.
—¿Con autorización de mi madre?
—No empieces.
—¿Por qué le pediste que firmara documentos sin explicarle qué eran?
David levantó la voz.
—¡Porque alguien tenía que ocuparse de las cosas en esta familia\!