11. El verdadero significado de aquella firma
Seis meses después, Maxim estaba mucho mejor.
Sus revisiones médicas eran positivas.
Volvió a sonreír, a jugar y a correr por el jardín.
Yo seguía viviendo en la mansión, pero ya no me sentía una invitada.
Daniel y su esposa venían a visitarnos los domingos.
A veces preparábamos la cena juntos.
Otras veces nos sentábamos en el jardín a recordar a Artur.
Una tarde, Maxim encontró una fotografía antigua del anciano.
—Mamá, ¿quién es este señor?
Me senté a su lado.
—Es alguien que nos ayudó cuando más lo necesitábamos.
—¿Era nuestro abuelo?
Me quedé pensando.
—No era tu abuelo de sangre, cariño. Pero fue una persona que te quiso mucho.
Maxim abrazó la fotografía.
—Cuando sea grande, quiero ayudar a alguien como él me ayudó a mí.