Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Claire había intentado advertirme.
Y yo había elegido no escucharla.
Aquella tarde llamé a Alexander.
Respondió con su habitual tono despreocupado.
—Hermano, escuché que estás soltero otra vez.
Apreté los dientes.
—Necesitamos hablar.
—¿Sobre Claire o sobre Madison?
Mi corazón se detuvo.
—¿Cómo sabes lo de Madison?
Alexander soltó una pequeña carcajada.
—Daniel, siempre has sido brillante para los negocios y terriblemente ingenuo con las personas.
—¿Qué hiciste?
Hubo un silencio.
Después respondió:
—Ven a mi oficina y hablaremos.
Alexander me esperaba junto a una ventana.
Sobre su escritorio había dos copas de whisky.
No toqué ninguna.
—¿Desde cuándo conoces a Madison? —pregunté.
Mi hermano sonrió.
—Desde mucho antes que tú.
Sentí una furia helada.
—¿La enviaste para acercarse a mí?
Alexander se acomodó lentamente la chaqueta.
—No tuve que obligarla. Madison siempre supo reconocer una oportunidad.