La historia de Walter y Max: El secreto que escondía aquel viejo soldado

Pero todavía tenía su casa, su pensión y su prótesis.

Hasta que conoció a un hombre llamado Esteban.

2. La promesa que terminó en pesadilla

Esteban dirigía una asociación que supuestamente ayudaba a antiguos militares y personas con discapacidad.

Organizaban comidas, entregaban medicamentos y prometían conseguir prótesis nuevas para quienes no podían pagarlas.

—Al principio parecía un buen hombre —explicó Walter—. Me visitaba, me llevaba comida y me decía que conocía a personas que podían ayudarme.

Un día le ofreció gestionar una prótesis moderna.

Le explicó que necesitaba llevarse la antigua para realizar una evaluación y tramitar la nueva.

Walter aceptó.

—Me dijo que en unas semanas tendría una prótesis mucho mejor. Yo le creí.

Pero las semanas pasaron.

La prótesis nueva nunca llegó.

Cuando Walter llamó a Esteban, este dejó de contestar.

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