—Papá dice que tengo que darle una oportunidad.
—¿Y tú qué quieres?
La niña bajó la cabeza.
—Quiero que las cosas sean como antes.
—¿Antes de qué?
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Antes de que tú te fueras.
No supe qué responder.
—Clara, ¿puedo contarte un secreto?
—Claro.
Se acercó un poquito y susurró:
—Vanessa me dijo que tú te habías ido porque no querías a papá ni a mí.
Sentí que me faltaba el aire.
—Eso no es verdad, Chloe.
—Yo sabía que no.
La pequeña comenzó a llorar.
—Porque tú siempre me dabas un beso cuando me iba a dormir.
La abracé con cuidado, evitando que se golpeara el brazo.
—Escúchame, cariño. Los problemas de los adultos nunca son culpa de los niños. Nunca. ¿Entendido?
Asintió contra mi hombro.
Entonces me hizo una pregunta que no estaba preparada para escuchar.