—Lo era yo también cuando nací —le dije.
Me miró.
—¿Puedo darle la mano?
La enfermera le explicó cómo hacerlo.
Chloe acercó un dedo.
Daniel lo sujetó con su pequeña mano.
La niña comenzó a llorar de emoción.
—Clara, me ha agarrado.
Sonreí.
—Creo que ya sabe quién eres.
Julian nos observaba desde el otro lado de la habitación.
Y por primera vez en mucho tiempo no parecía un hombre que quisiera recuperar algo.
Parecía un padre que estaba aprendiendo a cuidar lo que tenía.
7. El verdadero final
Los meses siguientes no fueron mágicos.
Vanessa siguió formando parte de la vida de Chloe y las decisiones sobre su custodia se resolvieron mediante los procedimientos familiares correspondientes.
Julian y yo no volvimos inmediatamente a ser pareja.
Él comenzó terapia para trabajar sus miedos y aprender a comunicarse sin huir de los problemas.