El perro estaba protegiendo una bolsa rota

—¿Qué ha pasado?

—Creo que deberías verlo tú mismo.

Cuando llegué, Sophie estaba junto a una pequeña sala de visitas.

Dentro había una mujer sentada en una silla.

Élodie.

Tenía los ojos hinchados y las manos entrelazadas sobre las rodillas.

En sus brazos estaba Lucas.

Y frente a ella, separado por una puerta de seguridad, estaba Néro.

El perro se había quedado completamente inmóvil.

Miraba al bebé.

Después miró a Élodie.

Ella comenzó a llorar.

—Néro…

El animal levantó las orejas.

—Ven aquí, mi niño.

La cuidadora abrió lentamente la puerta.

Néro avanzó con cautela.

Primero olfateó el suelo.

Después se acercó a Élodie.

Ella extendió una mano temblorosa.

El perro apoyó la cabeza sobre sus rodillas.

Y entonces empezó a llorar.

No era un ladrido.

Era un sonido profundo y entrecortado, como si todo el miedo que había soportado durante aquellos días estuviera saliendo finalmente de su cuerpo.

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