Si existe una sola persona mala, todo lo demás queda limpio.
No fue así.
Evelyn tomó las decisiones más deliberadamente crueles.
Sí.
Pero Clara también tomó una decisión sobre mis hijos.
Y yo había creado un matrimonio donde una esposa embarazada podía llamar nueve veces sin alcanzarme.
Eso también importaba.
Lo que nos salvó no fue descubrir quién tenía más culpa.
Fue que cada uno aceptó la suya sin utilizar la del otro como escudo.
Mi madre tardó años.
Clara tardó menos.
Yo probablemente más de lo que me gusta admitir.
Hoy, si miro aquella primera fotografía que Daniel puso frente a mí, veo algo distinto.
Antes veía dos niños que se parecían a mí.
Ahora veo a una mujer caminando con uno a cada lado.
Sola.
Cansada.
Pero de pie.
Y también veo algo que la fotografía no mostraba.