Menos bonito.
Mucho más sólido.
Mi madre murió muchos años después.
No de aquel cáncer.
Vivió suficiente para ver a los gemelos entrar en la universidad.
Clara fue al hospital.
Por decisión propia.
Evelyn estaba muy débil.
Cuando la vio, lloró.
—Clara.
—Estoy aquí.
—No tengo derecho a pedirte nada.
—Entonces no pidas.
Mi madre sonrió.
—Sigues siendo difícil.
—Siempre.
Evelyn tomó su mano.
—Lo siento.
No añadió “pero”.
Eso fue nuevo.
—Lo sé.
Respondió Clara.
—No puedo devolverte esos años.
—No.
—Ni a Sebastian.
—No.
—Ni a los niños.
—No.
Silencio.
—Pero gracias por permitirme conocerlos después.
Clara lloró.
—Ellos decidieron quererte.
Pausa.
—Eso fue suyo.
Mi madre asintió.
Quizá esa fue la última lección.
Nadie podía administrar el amor de los demás.
Murió dos días después.
Yo lloré.
Muchísimo.
Los hijos pueden poner límites a sus padres y seguir amándolos.