No para revisar su saldo…
Sino para entrevistar a jóvenes estudiantes que solicitaban oportunidades que ella misma había ayudado a crear.
Porque al final, demostró algo que ninguna riqueza puede comprar:
La verdadera riqueza no reside en lo que uno tiene.
Reside en lo que uno decide hacer con ello.
Y ese día, en un vestíbulo de mármol…
La dignidad triunfó.