Finalmente sonó mi teléfono.
Contesté.
—Laura…
La voz de Melissa no sonaba arrogante.
Sonaba asustada.
—Sí.
—¿De verdad la casa es tuya?
—Desde antes de conocer a Daniel.
Silencio.
—Dios mío.
—¿Qué te dijeron?
Respiró profundamente.
—Kevin me explicó que Daniel la había comprado como inversión hace años. Que cuando ustedes se casaran, se mudarían a algo más grande y nos entregarían esa.
Me apoyé contra el asiento.
—Eso es mentira.
—Ya me di cuenta.
—¿Y lo de poner a Kevin en la escritura?
Hubo una pausa.
—Yo jamás pedí eso.
Cerré los ojos.
Naturalmente.
Kevin había utilizado su nombre.
Daniel había utilizado a Kevin.
Patricia había utilizado la idea de “familia”.
Cada uno tenía una excusa para exigir algo que ninguno tenía derecho a pedir.
—Kevin dijo que tú querías aparecer como copropietaria.
—No. Me dijo que Daniel ya había decidido transferir la propiedad parcialmente a él.