Estaba esperando nuestro matrimonio para empezar a utilizar mis bienes.
Entonces mi teléfono vibró.
Un número desconocido.
“Hola, soy Melissa.”
Otro mensaje.
“Necesito saber algo.”
Y después:
“¿Es verdad que esa casa nunca perteneció a la familia de Daniel?”
Parte 2
Me quedé sentada dentro del coche con la carpeta sobre las piernas y el teléfono en la mano.
Durante varios segundos pensé en no responder.
No quería saber nada más.
Ya tenía suficiente para cancelar una boda, cambiar cerraduras y sacar a tres personas de mi vida.
Pero aquella pregunta me inquietó.
Melissa no había escrito “¿por qué no quieres prestarnos la casa?”.
Había preguntado si la vivienda pertenecía a la familia.
Contesté:
“No. La heredé de mis padres. La escritura está únicamente a mi nombre.”
La respuesta llegó casi inmediatamente.
“¿Daniel nunca fue propietario?”
“No.”
Los tres puntos aparecieron y desaparecieron varias veces.