El heredero de la infamia

Sustituí el expediente original de la repisa por una copia idéntica que preparé con recetas en blanco y hojas de evolución médica vacías, colocándole una cubierta idéntica con el sello desgastado del hospital.

El cebo estaba puesto en el anzuelo.

Si el enviado de Camila intentaba forzar la cerradura para robarlo, solo se llevaría papel inservible y me daría la certeza jurídica del allanamiento para ganar tiempo.

A las seis de la mañana, el utilitario gris encendió sus luces y se alejó lentamente por la carretera hacia el norte.

El sol despuntó sobre el horizonte marítimo con un resplandor cobrizo y metálico.

Me lavé la cara en el lavabo de porcelana agrietada del baño con agua helada.

Al levantar la vista hacia el espejo empañado, apenas reconocí las facciones de la mujer que me devolvía la mirada.

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