Fue directo al párrafo final, donde la firma del jefe de laboratorio certificaba la conclusión pericial.
Sus labios comenzaron a moverse en silencio, descifrando las palabras:
«Probabilidad de filiación paterna entre el individuo de referencia (Sebastián Garza Ortiz) y el producto biológico masculino: CERO POR CIENTO».
«Incompatibilidad genética excluyente de paternidad biológica en doce de los dieciséis marcadores analizados».
El rostro de Sebastián se despojó de todo rastro de color en cuestión de un parpadeo.
La piel de sus mejillas adquirió una tonalidad grisácea, similar a la ceniza de un volcán extinto.
Sus dedos, que aún descansaban sobre el hombro de Camila, se crisparon de repente como garras de acero.
Camila intentó apartarse del contacto, pero la mano de Sebastián se cerró con fuerza desmedida sobre su clavícula.
—¿Qué… qué significa esto? —tartamudeó Sebastián, girando lentamente el cuello hacia la mujer que temblaba en la silla de ruedas—. Camila… ¿qué carajos significa esto?