El doctor Armenta ajustó sus gafas bifocales, examinando el pliego con detenimiento.
—Mariana, mover estos activos requiere la ratificación unánime del comité de innovación. Si Sebastián no lo presenta formalmente ante el consejo…
—Sebastián no puede presentarlo en sesión abierta porque hay espionaje corporativo por parte de los competidores asiáticos —interrumpí, bajando la voz con una convicción que no admitía dudas—. La fuga de información viene de adentro, doctor. De la secretaría ejecutiva.
El doctor Armenta palideció ligeramente.
Conocía los rumores sobre la cercanía sospechosa entre Sebastián y Camila, y el temor a una filtración industrial era la peor pesadilla para un científico de su calibre.
—Si las patentes quedan desprotegidas durante la oferta pública, todo nuestro trabajo terminará subastado al mejor postor —añadí, presionando sutilmente sobre su lealtad académica hacia mí—. Necesito que firme la transferencia técnica hoy mismo. Yo me encargaré del registro notarial en Ginebra la próxima semana.