Tercero: la prueba científica e incontrovertible que desenmascarara la farsa de Camila y destruyera el orgullo patriarcal de Sebastián en el momento de mayor vulnerabilidad.
Para el segundo objetivo, utilicé mi posición como Directora de Desarrollo e Investigación.
Durante siete años, las fórmulas magistrales y las cadenas de síntesis molecular habían sido desarrolladas exclusivamente por mi equipo de científicos de confianza.
Convocé a una reunión extraordinaria con el jefe de patentes de la compañía, el doctor Armenta, un hombre íntegro de casi sesenta años que había sido mi mentor en la universidad.
Nos encerramos en el laboratorio principal, rodeados por el zumbido constante de las centrífugas y los paneles de bio-contención.
—Doctor Armenta, necesitamos migrar los registros de patentes de la línea oncológica a la sede internacional de Basilea antes del cierre de este trimestre —le expliqué, mostrándole un borrador de resolución con la firma de Sebastián falsificada con absoluta maestría técnica gracias a un software de vectorización digital.