Había llegado nueve días antes.
Estaba debajo de una caja vacía de cereal.
Era la carta de febrero.
La más reciente.
La que anunciaba otra revisión.
Daniel la recogió.
La llevó al hospital.
Y comprobamos que tenía el mismo número de referencia que aparecía en el expediente médico.
Aquel sobre había estado a punto de terminar en la basura junto con todos los anteriores.
Doce años después de la muerte de Arturo, yo seguía haciendo exactamente lo mismo.
Tomaba la correspondencia.
Miraba el remitente.
Y la desechaba sin abrirla.
A veces pienso en lo cerca que estuvo aquella última carta de desaparecer.