Mi hijo me confesó que había descubierto aquella documentación pocas semanas después de la muerte de Arturo.
Estaba buscando herramientas en el sótano cuando notó que uno de los estantes parecía ocultar algo.
Movió unas cajas.
Encontró una pequeña caja fuerte.
Consiguió abrirla utilizando información que su padre había dejado entre sus documentos.
Dentro había contratos.
Correspondencia.
Archivos médicos.
Y una carpeta con mi nombre.
Daniel tenía entonces poco más de cuarenta años.
Acababa de perder a su padre.
Estaba agotado emocionalmente.
Y cuando encontró documentos médicos sobre su madre dentro de una caja fuerte escondida, imaginó lo peor.