Te inscribí en 2002.
Debí explicártelo mejor desde el principio.
No lo hice porque tenía miedo de que te negaras después de todo lo que habíamos vivido con Lucía.
El programa continuará durante muchos años.
Dejé pagado el seguimiento hasta 2034.
No tendrás que pagar nada.
Cada febrero recibirás una carta con la fecha de tu revisión.
No la tires.
Acude a la cita.
Eso es lo único que te pido.
Con todo mi amor,
Arturo».
Cuando terminé de leer, me quedé mirando el papel.
Después comencé a llorar.
Mi hermana Lucía había muerto en febrero de 2001.
Tenía cincuenta y ocho años.
Le habían diagnosticado cáncer de ovario.
Cuando los médicos descubrieron la enfermedad, ya estaba demasiado avanzada.