Le respondí que no.
Entonces mencionó el nombre de una institución que no escuchaba desde hacía más de una década.
Y en ese instante recordé a la mujer que había visitado a mi esposo tres días antes de morir.
Recordé el pequeño maletín plateado.
Recordé su expresión de angustia después de aquella visita.
Y recordé una carta que llevaba doce años guardada en mi buró.
Una carta que él me había pedido abrir solamente si algún día me sucedía algo que no pudiera explicar.
Me llamo Elena Villaseñor.
Tengo ochenta años, tres hijos, siete nietos y cuatro bisnietos.
Vivo en una casa de dos pisos en una colonia tranquila de Guadalajara, la misma donde mi esposo y yo nos instalamos en 1973.
Mi esposo se llamaba Arturo.
Falleció en noviembre de 2014, a los setenta y seis años.