Reconocí inmediatamente la letra de Arturo.
Había escrito mi nombre con la misma inclinación de siempre.
El papel estaba ligeramente amarillento.
Lo había guardado durante tantos años que parecía formar parte de los muebles de mi habitación.
Lo abrí con cuidado.
Dentro había una hoja escrita por ambos lados.
Era una carta de mi esposo.
Comenzaba así:
«Elena:
Si estás leyendo esto, significa que finalmente ocurrió algo que no pudiste explicar.
Espero que hayas cumplido tu promesa y que no hayas abierto esta carta antes de tiempo.
Necesito contarte la verdad sobre las revisiones médicas a las que has asistido cada año desde que murió tu hermana.
No forman parte de los beneficios de mi empresa.
Son parte de un estudio dirigido por la doctora Beatriz Aranda.