Pero a mis ochenta años, con una masa de aquel tamaño, la cirugía requería precauciones adicionales.
Cuatro horas en quirófano.
Una incisión larga en el abdomen.
Y nueve días hospitalizada.
Afortunadamente, salí adelante.
Pero había una pregunta que la doctora no dejaba de hacerse.
—Señora Elena, ¿cuándo fue la última vez que le hicieron un estudio de imagen del abdomen?
Le respondí que nunca.
Ella volvió a revisar el expediente.
—Aquí aparecen once estudios.
La miré sin entender.
—¿Once?
—Sí. Uno por año, entre 2002 y 2013.
Señaló la pantalla.
—Todos realizados en una clínica privada vinculada con el Instituto Biomédico Aranda.
Entonces comencé a recordar.
Durante muchos años, Arturo me había llevado a revisiones médicas anuales.