A LOS 80 AÑOS, MI VIENTRE CRECIÓ TANTO QUE MIS HIJOS TEMIERON LO PEOR. LOS MÉDICOS ENCONTRARON UNA MASA ENORME, PERO EL VERDADERO SECRETO ESTABA EN UN EXPEDIENTE DE MI ESPOSO FALLECIDO QUE DECÍA: «PROYECTO ELENA».

La doctora señaló una línea del documento.

—Aquí aparece un registro asociado con el Instituto Biomédico Aranda.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Aranda?

—Sí. ¿Conoce ese nombre?

Miré a Daniel.

Porque aquel apellido me había perseguido en silencio durante más de once años.

Tres días antes de morir, Arturo recibió una visita extraña en el hospital.

Era una mujer de cabello gris.

Tendría unos sesenta años.

Llevaba un maletín plateado.

Llegó preguntando por mi esposo.

Conocía su nombre completo.

Sabía en qué habitación estaba.

Y pidió hablar con él a solas.

Yo llevaba semanas acompañándolo.

Estaba agotada.

No pensé que hubiera nada sospechoso.

Supuse que se trataba de algún asunto relacionado con su trabajo.

La mujer permaneció aproximadamente veinte minutos detrás de la cortina que rodeaba su cama.

Yo esperé en el pasillo.

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