La maestra pobre que gastó su sueldo en alumnos… y años después pasó algo imposible

Leía.

Cuidaba mis plantas.

Visitaba a algunas vecinas.

Y de vez en cuando me preguntaba qué habría sido de aquellos chicos.

Hasta que una mañana tocaron el timbre.

Abrí la puerta.

Y me quedé inmóvil.

Había cinco hombres y mujeres esperando afuera.

Bien vestidos.

Sonriendo.

Con lágrimas en los ojos.

Tardé apenas unos segundos en reconocerlos.

Mis alumnos.

Tomás fue el primero en acercarse.

El mismo niño de las zapatillas remendadas.

El mismo niño al que tantas veces vi llegar sin desayuno.

Se quedó frente a mí unos segundos y sonrió.

Después dijo:

PARTE3

Seño… ¿usted alguna vez viajó en avión?

Sentí que las piernas me temblaban.

Porque de inmediato recordé aquella mañana de 2009.

Y entonces entendí.

Él no había olvidado.

Ninguno de ellos había olvidado.

Tomás me entregó una caja.

La abrí con las manos temblando.

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