PARTE 2 / A las 3:17 de la madrugada, vi a través de una cámara de seguridad oculta cómo la nueva cuidadora de mi hijo de ocho años se metía en su cama, y mi mano alcanzó de inmediato mi pistola. Yo era Vincent Calder, el jefe de la mafia más temido de la Costa Este, y mi hijo había quedado paralizado en el mismo atentado que mató a mi esposa. Había instalado cámaras por toda nuestra mansión de Rhode Island porque no confiaba en nadie. Pero cuando Noah de pronto gritó y Emma Reed lo envolvió con sus brazos, lo que sucedió después me hizo bajar el arma por primera vez esa noche…

—No.

Su voz cambió.

—Entonces tendrás problemas.

—Ya los tengo, Marcus.

Colgué.

Patricia me aconsejó no reunirme con él sin protección y entregar cualquier nueva comunicación a los investigadores.

Pero Marcus no esperó.

Aquella misma noche, intentó acceder a la mansión utilizando una credencial antigua.

La seguridad detectó la entrada y bloqueó el acceso.

Dominic avisó inmediatamente a las autoridades.

Marcus huyó antes de que llegaran.

Sin embargo, dejó algo atrás.

Un teléfono.

Los investigadores consiguieron recuperar mensajes que lo relacionaban con las empresas utilizadas para desviar dinero y con personas vinculadas a la preparación del atentado.

También encontraron conversaciones que demostraban que había ordenado vigilar a Emma.

¿Por qué?

La respuesta apareció al día siguiente.

El secreto que Emma nunca me había contado

Emma estaba preparando el desayuno de Noah cuando le pedí que viniera a mi despacho.

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