Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Yo quería que te quedaras conmigo por las noches.
Aquellas palabras me atravesaron.
—Lo haré.
—¿Aunque tengas trabajo?
—Aunque tenga trabajo.
—¿Aunque los hombres vengan a hablar contigo?
Sonreí tristemente.
—Especialmente entonces.
Noah me pidió que le leyera un cuento.
No era un libro complicado. Era uno de esos cuentos infantiles que Caroline solía leerle antes de dormir.
Me senté en el borde de la cama y empecé a leer.
Me equivoqué varias veces.
Noah se rio.
Y aquella risa fue el sonido más hermoso que había escuchado en catorce meses.
PARTE 3: EL HOMBRE QUE QUERÍA DESTRUIR A MI FAMILIA
Durante las siguientes tres semanas, algo extraordinario ocurrió en nuestra mansión.
Noah comenzó a desayunar con nosotros.
Volvió a hacer preguntas.
Empezó a elegir su propia ropa.
Incluso pidió que colocáramos una fotografía de Caroline en su habitación.