Domingo apretó el teléfono.
—¿Qué verdad?
Victoria respiró profundamente.
—Isabella nunca te abandonó voluntariamente. Alguien la obligó a desaparecer después de dar a luz.
—¿Quién?
Pero Victoria no respondió.
En ese momento, una enfermera entró en la oficina de la directora con un sobre recién entregado.
Estaba dirigido a Domingo.
Dentro había una fotografía de Isabella sosteniendo a una recién nacida.
En el reverso aparecía una frase escrita a mano:
«Si algún día encuentras a nuestra hija, dile que nunca dejé de amarla».
Debajo había una fecha.
Y una dirección.
Domingo reconoció inmediatamente el lugar.
Era una clínica de rehabilitación propiedad de su propia familia.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje de un número desconocido.
**«Si quieres saber por qué Lily term