PARTE 2 — LA NIÑA QUE CONQUISTÓ EL CORAZÓN DEL MILLONARIO

Su expresión cambió.

—Sí, cariño. Las familias hacen eso.

—Y después les enseñaría mis dibujos.

Domingo me apretó suavemente la mano.

—Me encantaría verlos.

Aquella tarde, Domingo canceló todas sus reuniones.

Pasamos dos horas dibujando bajo el viejo roble.

Le enseñé a dibujar mariposas.

Él dibujó un elefante que parecía una patata con orejas.

Me reí tanto que casi me caí de la silla.

—¡Eres terrible dibujando!

—Entonces tendrás que enseñarme.

Cuando llegó la hora de marcharse, mi sonrisa desapareció.

Había aprendido que los adultos siempre terminaban yéndose.

—¿Volverás? —pregunté.

Domingo se arrodilló frente a mí.

—Mañana.

—¿Lo prometes?

Me mostró su dedo meñique.

—Promesa de caballeros.

Entrelacé mi pequeño dedo con el suyo.

Pero cuando su automóvil desapareció, una cuidadora se acercó.

—Lily, no debes ilusionarte demasiado. El señor Moretti es un hombre muy ocupado.

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