Según los relatos familiares, Isabel había nacido en una familia acomodada que durante generaciones presumía de su ascendencia europea.
Sin embargo, los documentos mostraban algo que había sido deliberadamente ocultado.
La madre de Isabel era una mujer afrodescendiente originaria de una comunidad de la Costa Chica.
Se llamaba Jacinta Salgado.
Había sido una mujer libre, trabajadora y respetada, dedicada al comercio.
Cuando Isabel se casó con un empresario español, algunos miembros de la nueva familia comenzaron a ocultar su origen materno.
Con el paso de las generaciones, las fotografías desaparecieron.
Los nombres fueron omitidos de las historias familiares.
Y Alejandro creció escuchando que todos sus antepasados eran exclusivamente europeos.
Los investigadores explicaron a los hermanos que la apariencia física depende de múltiples variantes genéticas heredadas de generaciones anteriores y que no puede utilizarse para establecer o descartar una paternidad.
La ascendencia de Jacinta ayudaba a comprender la diversidad de su familia, aunque por sí sola no explicaba exactamente los rasgos de los quintillizos.