Cada adulto tenía una excusa diferente.
Mauricio necesitaba dinero.
Verónica decía haber sido amenazada.
Ricardo estaba desesperado.
Ninguna de esas explicaciones cambiaba el hecho de que Sofía había sido lastimada.
Hubo una parte de la declaración de Mauricio que me persiguió durante mucho tiempo.
En una de las primeras visitas, Sofía había llorado y pedido hablar conmigo.
Mauricio aseguró que Ricardo respondió diciéndole que mamá se sentiría decepcionada si no cooperaba.
Mi hija le creyó.
Así la controlaron.
No solamente mediante el miedo.
También utilizando su amor por nosotros.
Se aprovecharon de su deseo de hacernos felices.
Quise enfrentar a Mauricio.
Preguntarle cómo pudo escuchar a una niña llamando a su madre y seguir participando.
Pero mi abogada me recomendó no buscarlo.
Y finalmente comprendí que no necesitaba sus explicaciones.
Nada de lo que dijera haría aceptable lo ocurrido.