Por primera vez desde que comenzó todo, sentí algo más fuerte que el miedo.
Rabia.
Pero no una rabia descontrolada.
No la que Ricardo había intentado provocarme durante meses.
Era algo frío.
Firme.
Doblé la hoja.
—Entonces voy a defenderla hasta el final.
Los siguientes meses cambiaron mi vida.
Inicié el proceso de divorcio.
Mi abogada solicitó las medidas familiares necesarias para proteger a Sofía mientras continuaba la investigación penal.
Se revisaron nuestras finanzas.
Los tribunales requirieron información sobre bienes y deudas.
La imagen pública que Ricardo había construido comenzó a desmoronarse.
Las organizaciones benéficas en las que participaba se distanciaron de él.
Su empresa lo separó temporalmente y después terminó su relación laboral.
Antiguos socios comenzaron a presentar señalamientos relacionados con irregularidades financieras.
Pero nada de eso me producía verdadera satisfacción.
Cada noticia me recordaba a Sofía.