Aquella pregunta me destrozó.
Sostuve suavemente su carita.
—No. Eres una niña maravillosa. Los adultos que te lastimaron tomaron decisiones terribles. Tú no provocaste nada de esto.
Comenzó a llorar.
Yo también.
Nos quedamos abrazadas hasta que salió el sol.
Una semana después, Ernesto Villalobos llamó con otro descubrimiento.
Los investigadores habían encontrado grandes deudas relacionadas con las finanzas de Ricardo.
Había ocultado inversiones fallidas.
Solicitado préstamos usando bienes que controlaba.
Y transferido dinero mediante empresas que ahora estaban siendo investigadas.
No solamente estaba desesperado por obtener el patrimonio de Sofía.
Su situación financiera se estaba derrumbando.
—¿Cuánto debe? —pregunté.
—Posiblemente decenas de millones de pesos, dependiendo de las operaciones que todavía están revisándose.
Cerré los ojos.
Nuestra casa enorme.
Sus trajes caros.
Los automóviles de lujo.
Los viajes.
Yo creía que vivíamos cómodamente porque Ricardo era exitoso.